jueves, 29 de marzo de 2012

Demencia


-¿Señor?
-...
-¡Señor!
-Oh, perdón.
-Sabes por qué estas aquí, ¿verdad?
-Claro. Al parecer padezco de esquizofrenia paranoide, vamos, que estoy loco. Pero eso está sobre papel.
-¿Y por qué dicen eso de usted? Parece una persona totalmente cuerda.
-Amigo. ¿Sabes por qué estoy loco? Porque dicen que veo cosas donde no las hay. Cuando veo a países enriqueciéndose por la venta de armas, pienso en las muertes que causarán cada arma vendida, pero me repiten una y mil veces que son simples negocios, que lo hacen todos los países. A las modelos que ponen en las pasarelas, me dicen que son hermosas, ¡las más bellas! Yo veo a mujeres que sufren anorexia, que desde pequeñas soñaron con estar marcando huesos, ¡como lo veían en la televisión! También lloro cuando veo a toreros, mejor dicho, ¡asesinos!, matando a animales sin piedad. Yo veo genocidio, mientras otros me critican porque el toreo es cultura. Y sobre todo, cuando hablo de... de...
-¿De qué?
-De un mundo mejor, en el que no hubiese fronteras, la moneda desapareciese, la ayuda entre hermanos valga mas que unos gramos de oro. En el que no habría ni pobres ni ricos, porque cada uno tendría sólo lo necesario para vivir tranquilamente, disfrutando de la vida, de la familia, de los amigos. Nada que diferenciase a las personas.
-¿Una utopía?
-Sí, una utopía, aunque no sé por qué debe tener ese nombre. Es posible un mundo así... Tal vez mi locura sea esa, en que pienso que el hombre puede llegar a vivir en paz y respeto consigo mismo y con todo lo que forme parte del universo...

sábado, 17 de marzo de 2012

¿Evolución?


 ·Época: Edad de Piedra
Gente corriendo hacia las cavernas, hay una gran muchedumbre, la gente se está agrupando. Parece que hay algún tipo de problema. Dos hombres se están pegando. Uno lleva una lanza con punta de piedra mientras que el otro golpea con una enorme rama. La gente de alrededor vitorea la pelea, la anima y en repetidas ocasiones, dan que otro mamporro a los luchadores.
 ·Época: Edad Antigua
Gente corriendo por las calles hacia el Coliseo, hay una gran muchedumbre, la gente se está agrupando emocionada. Parece ser que hoy se baten en un duelo a muerte dos grandes luchadores. Los ricos apuestan sus esclavos, el populacho es feliz al ver la sangre cuando los gladiadores hieren al rival. Lo mejor de todo es cuando la cabeza del perdedor rueda por el suelo.
 ·Época: Edad moderna.
Gente saliendo de las discotecas, hay una gran muchedumbre, la gente se está agrupando. Parece ser que hay algún tipo de conflicto. Dos adolescentes se están pegando. Uno lleva una navaja y el otro un puño americano, la gente forma corro animando la pelea, y además, hay quienes se pegan entre sí porque unos quieren separarlos y otros quieren que siga la pelea.
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Darwin, ¿realmente creías en la evolución? Vale que hayamos avanzado enormemente a nivel tecnológico, que estemos más conectados, que tengamos información al alcance de la mano, que podamos dar la vuelta al mundo en menos de un día, que hayamos llegado a la Luna y enviemos sondas a los confines del universo. Pero, ¿de qué nos sirve todo eso si no somos capaces de vivir en paz entre nosotros?



Nos comportamos a veces como bestias, y lo peor de todo es que nos aplauden y nos sentimos orgullosos por ello.


¿Veis alguna diferencia? 








lunes, 12 de marzo de 2012

Sueños

El hombre se despertó, no quería abrir los ojos de momento, solo de momento. Prefería escuchar el silencio, el sonido de la brisa al mover las cortinas, la espuma del mar acariciando las rocas de la playa... Prefería oler el perfume de la piel de esa musa que dormía junto a él, el aroma de las flores...
Decidió entonces regalarse para sí mismo la belleza de su mujer, abrió los ojos y la contempló. Ella también le miraba. Su corazón se paró un momento, seguía sorprendiéndose a mirar a Venus hecha mortal. Esos ojos color azabache, esa larga melena del color del ébano recorriendo su espalda, sus dedos, aparentemente frágiles, jugueteando sobre el pecho del hombre. Y esos labios, tan carnosos que solo eran dignos de Afrodita. Era pura armonía, pura paz. Todos los reyes habidos y por haber hubiesen renunciado a su corona por pasar cinco minutos con ella. Pero era suya, de aquel hombre. Y lo sería para siempre, pues habían guardado su corazón para el otro. Y nada ni nadie podrían separarlos.
Pasaron los segundos, minutos... Se empezó a escuchar fuera risas infantiles, se veían sombras a través de las sedas que separaban la habitación de la playa. Eran sus hijos, eran ángeles, las criaturas más perfectas que pudieran existir. Herederos de la belleza y la tranquilidad de su madre y la sabiduría y la fuerza del padre. Se acercaron, bailando sobre la playa, sus pies rozaban la arena por un instante. Andaban y volaban a la vez. Los cuatro se acercaron por cada punto de la habitación, tímidos, juguetones. Otro sentido empezó a llenar al hombre. El tacto, de los húmedos y suaves besos de sus dos hijas, y de la calidez con la que le abrazaban sus dos hijos. 
Salieron a jugar al bosque. El musgo que crecía amortiguaba los pasos, los pájaros llenaban de música sus oídos, los rayos del sol entre los claros rozaban a la familia...  
Todo era perfecto, y así es como el hombre lo había soñado desde su más tierna infancia.