Querido amigo.
Me gustaría que supieras que si no fuese por un muy buen amigo, seguramente esto que os dejo aquí, fragmento de una conversación con dicho amigo, se hubiese perdido en el olvido. Ante todo, es mi opinión, tal vez sea más o menos correcta, pero quisiera compartirla con vosotros, mis lectores.
Mira, a mi no me llama lo puramente trascendental ni lo puramente material. ¿Hay un Dios? Dicen que sí, dicen que no. Por mi parte, le rogué muchas veces de pequeño que apareciera, le quería, le amaba. Poco a poco me di cuenta que aquello que amaba lo habían amado otros, con algunos finales desastrosos. ¿Cómo podía yo amar al mismo ser por el que otros mataron a inocentes, a librepensadores, a buscadores de la verdad y de la justicia? Esas personas eran para mi modelos a seguir. Y ese ser los asesinó. Si bien no empuñó el arma, dejó que otros lo hicieran, que mancillaran su buen nombre. ¿Qué clase de Dios dejaba que ocurriera tal cosa? Mi única respuesta fue un dios que no existe. Pero eso me tocó... ¿Como podría entonces salvar mi alma? Aunque, ¿qué es el alma? Eso que tanto querían inculcarme en la catequesis. Pues una herramienta de la Iglesia para poder decirme que si era sumiso y seguía como buena oveja al rebaño no acabaría en el infierno.
No creo en ningún tipo de dios cristiano, judío ni musulmán. Pues aquellas cabezas visibles que los representan están corruptas, y por ende, el dios que veneran. El mensaje que los fundadores de estas religiones quisieron transmitir se ha manipulado a voluntad para someter a la humanidad.
Conforme a lo material... Lo material no sirve de mucho cuando te enfrentas a la muerte. Puede darte muchas alegrías, aunque por su propia naturaleza son efímeras. Hay gente que se aferra tanto a lo material que no es capaz de tender la mano a un hermano, a un amigo, a una persona o a la propia Tierra. Detesto el dinero porque me parece la cosa más material que hemos creado. La hemos alzado y venerado, poniéndola por encima de la propia naturaleza y de la propia vida.
Creo:
En el hombre bueno y en su libertad, que le es concedida para que actúe correctamente.
En el recuerdo, pues nos acerca a los grandes modelos de persona que han existido: Siddharta Gautama (modelo del que busca la parte espiritual inherente al ser humano), Jesús de Nazaret (modelo del que se da a los demás por amor), Gandhi (modelo del que busca la libertad y la no violencia), Martin Luther King (modelo del que lucha contra el racismo) y muchas otras personas, no menos importantes por no haberlas nombrado.
En la verdad, humanidad, justicia e igualdad, que algún día destronarán a los pseudovalores que se han apoderado del hombre.
Pero sobre todo, creo en las personas, ni en Dioses que están lejos de mí, ni en cosas a las que no puedo acceder. En las personas honradas que este planeta ha visto nacer y en sus acciones que cambiaron el mundo.
Espero que algún día podamos dialogar sobre este tema, tú y yo. Un fuerte abrazo.
Namaste.
Tal vez el hombre sea una manera finita de ser Dios... En definitiva, seguiremos siendo buscadores, aunque sea a tientas. El buscador, a veces, no acaba de encotrar aquello que busca, pero a pesar de todo, seguimos teniendo SED. Ya lo decían los antiguos: "La gloria de Dios es que el hombre viva". Gracias, Jorge!
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